lunes, 8 de diciembre de 2014
Mi madre, segunda parte.
Hace unas semanas escribí acerca de mi madre, la relación que tenía con ella y cómo todo eso afectó en su momento mi vida; al terminarlo y publicarlo comencé a sentir una inquietud y no me explicaba el porqué de esa molestia, que perduró por varios días, hasta que decidí tratar de entender que era lo que me pasaba y creo que lo descubrí, porque después de aclararme la mente me tranquilicé, hoy quiero compartirlo.
En el mencionado artículo hablo de cómo mi madre me veía, y como nunca estuvo conforme con la hija que le tocó en suerte, cosa que obviamente hizo de mi una persona aparte de resentida y rebelde (sufría y todavía lo hago, aunque con menor intensidad, de explosiones de rabia), también tenía la autoestima por el suelo y obviamente era muy insegura.
Lo que no digo en ese artículo es cómo la veía yo a ella, tal vez esto era el motivo de mi inquietud, el hecho de que me faltó decir, que así como a ella, yo no le gustaba como hija , ella tampoco me gustaba a mí como madre, tal vez el hecho de que fui criada desde los 10 meses hasta los 5 años por mi abuela en Italia, mientras ella estaba en Venezuela trabajando duro, hizo que no se creara ese lazo de amor que generalmente existe entre madres e hijos, cosa que hace que los veamos como súper héroes , personas perfectas y sin maculas , a los que le justificamos cualquier imperfección que les veamos ( si es que esto de vérselas llegara a suceder), lo cierto es que cuando la vi en persona , a la edad de 5 años (solo la conocía a través de una foto de ella que tenía mi abuela de cuando era soltera) lo primero que dije fue: esa no es mi mamá, mi mamá es bella y con el pelo largo y esta es fea y gorda, cosa que supongo no ayudó mucho y recuerdo que de inmediato comenzó una relación de antipatía mutua. Aquí estoy hablando solo de su aspecto físico, pero a medida que crecía , crecía mi descontento, es lamentable, pero en realidad tuvimos una muy mala relación cosa que duró por años, y a pesar de eso, hice todo lo que estuvo a mi alcance para agradarle, pero hasta hace poco, nunca había pensado que el problema era de las dos, y que ella tampoco fue la madre que yo quería, mi madre era mi abuela, nunca la pude ver a ella(mi verdadera madre ) como tal.
Lamento tener que decirles que después de tantos años de terapia esto no ha cambiado mucho, porque a pesar de que yo he cambiado y mi relación con mi madre ha mejorado , yo diría que en un 80%, todavía ella tiene muchas cosas que no me gustan, es más, cosas que detesto, lo que sí ha cambiado después de la terapia es mi manera de relacionarme con ella, he madurado y logro verla por lo que es, una persona que no es perfecta, pero es mi madre, y después de muchos años de discordia , surgió y creció el cariño, y logro tratarla con respeto y “amor” y cumplir con mi deber de hija (tiene ya 89) puedo ver sus debilidades y con lo que he podido aprender, trato de ayudarla; ella ha sufrido mucho y todavía tiene muchos traumas, y sigue sufriendo.
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