El
rechazo, el abandono, la injusticia, la humillación y la traición son
experiencias dolorosas que perduran como heridas. La mayoría de las veces son
resultado vivencias con los padres o con los adultos significativos.
Pocas son
las personas que podrían contarse entre quienes han tenido una infancia exenta
de sin sabores y limitaciones, ya que todas las personas durante la infancia,
en mayor o menor grado, de una u otra forma, hemos tenido experiencias
agradables y desagradables, necesidades insatisfechas o asuntos inconclusos que
si no los enfrentamos y resolvemos, nos acompañarán a lo largo de toda la vida,
la mayoría de las veces afectando nuestra autoestima y por tanto las relaciones
con los demás.
Herida de
rechazo:
El adulto
que tiene esta herida vivió experiencias de rechazo en su niñez y tendrá la
tendencia a rechazarse a sí mismo y a los demás, también
rechazará experiencias placenteras y de éxito por el profundo sentimiento de vacío interno y por tener la creencia errónea de ser ”poco merecedor.” Culpa a los demás de ser rechazado y sin ser consciente de ello, es él quien se aisla creando así su círculo vicioso.
rechazará experiencias placenteras y de éxito por el profundo sentimiento de vacío interno y por tener la creencia errónea de ser ”poco merecedor.” Culpa a los demás de ser rechazado y sin ser consciente de ello, es él quien se aisla creando así su círculo vicioso.
Su
principal conducta es la de huidizo. Tiende a huir de las situaciones
desagradables. No es muy partidario a socializar y tiende a abandonar lo que
inicia. No se apega a las cosas ni a las personas. Considera sus relaciones y
su dinero útiles aunque no le generan placer.
No sirvo
para nada, lo que digo no le importa a nadie, no sé para que participo, no
tengo capacidad para hacer esto, soy malo para esto, nadie me escucha… Éstos
son los tipos de pensamientos que tiene y la forma de expresarse ante una
dificultad.
Requiere
trabajar las situaciones que le generan pánico, sus miedos internos y sus
temores.
Afecta a
la persona en el nivel del SER.
Herida de
abandono:
La
soledad se convierte en el peor miedo de quien vivió abandono en la infancia. Y
su herida se convierte en su paradoja: “Quien vivió abandono tenderá a
abandonar proyectos y parejas, hasta que haga consciente su carencia y se haga
responsable de su vida y su soledad. Y piensa: Te abandono yo, antes de ser
abandono por ti”.
Su
principal conducta es la de dependiente. Su mayor temor es la soledad y no
soporta estar a solas consigo mismo; al final acaba estando solo. Es retraído,
no le gusta el contacto con los demás. Genera un verdadero drama ante una
mínima situación sin importancia. Solicita y busca el apoyo de los demás ante
los conflictos.
No estoy
dispuesto a soportarlo más, nadie me apoya en esto, nadie me ayuda, prefiero
estar solo, tú verás lo que haces, si abandonas no vuelvas.. son sus modos de
comunicarse ante un problema.
Requiere
trabajar sus temores más intensos, su miedo a la soledad y su rechazo al
contacto físico.
Afecta al
TENER y al HACER.
Herida de
humillación:
Los
adultos que tuvieron experiencias de todo tipo de abusos, incluyendo el sexual,
o experimentaron humillaciones, comparaciones o que fueron ridiculizados,
avergonzados por su aspecto físico, por sus actitudes y/o comportamientos
durante su niñez, suelen llevar esa carga a cuestas y la mayoría de las veces
son seres inseguros, tímidos e indecisos que en lo más profundo de su ser se
sienten culpables y no creen tener derechos elementales, e incluso pueden dudar
de su derecho a existir.
La
conducta principal es de dependiente. Es orgulloso, rígido y masoquista,
generando cierto placer en el sufrir. Necesita estar atado a otras personas y
cargar con los problemas de los demás.
No lo
merezco, no soy digno, soy muy poca cosa para esto, no tiene importancia… son
algunos modelos que usa habitualmente para expresarse.
Herida de
traición:
El adulto
con herida de traición será un desconfiado empedernido, ya que no se permite
confiar en nada ni nadie. Su mayor miedo es la mentira y buscará de manera
inconsciente involucrarse en situaciones en las que irremediablemente será
traicionado. Cumpliéndose la profecía que él mismo decretó: “No confíes en
nadie, todo mundo traiciona”. La mayoría de quienes experimentan celotipia
tuvieron vivencias de traición en su niñez.
La
principal conducta es la de controlador. Le gusta tener el control sobre los
demás para así evitar ser traicionado. Su carácter es fuerte para justificar su
capacidad de control y le gusta manejar grupos. Los mayores miedos del
controlador son el disociarse de sí mismo y separarse o perder a su pareja.
Suele confirmar sus principales temores provocando que se produzcan.
Permíteme
terminar, aún no he acabado de hablar, ¿me entiendes, verdad?, ten confianza en
mí, déjame que lo haga solo, yo lo sé hacer bien, justamente es lo que quiero,
exactamente es lo que tienes que hacer, tienes lo que te mereces, es la forma
común de comunicación del controlador.
Requiere
trabajar su paciencia, su tolerancia y vivir el momento presente. Aprender
a estar sólo y a delegar responsabilidades de manera efectiva y confiadas son
sus principales retos.
Herida de
injusticia:
Experimentar
la inequidad es el peor enojo de quien tiene herida de injusticia, y es posible
identificar a quienes la han vivido en su niñez al observar las reacciones
desproporcionadas y neuróticas ante alguna situación injusta. Todas las
personas en algún momento hemos vivido o presenciado situaciones injustas, sin
embargo a quienes tienen la herida les es imposible lidiar con ello y sus
reacciones tienden a la autodestrucción. Una de las características más
importantes es su gran temor a equivocarse y su tendencia a buscar la
perfección, lo cual les trae mucha frustración y su gran reto para sanar es
buscar la flexibilidad y la humildad.
Su
principal conducta es la rigidez. Intentan ser muy
importantes y proyectar fuerza y poder. Fanáticos del orden y de conducta
perfeccionista, solo confían en sí mismos y les cuesta tomar acción. Le gusta
dar órdenes y dirigir.
Justamente
eso es lo que quiero, exactamente es lo que debes hacer, creo que es justo,
estás de acuerdo conmigo… es la manera de comunicar más común.
Desafortunadamente,
cuando nos negamos la oportunidad de trabajar en la sanación de estas heridas,
estaremos repitiendo patrones conductuales enfermos que a nosotros nos dañaron
en nuestra niñez y de forma inconsciente se perpetuará el círculo vicioso del
cual hemos huido, dañando ahora a nuestros hijos. Las heridas se muestran en
nuestra comunicación llena de chantajes, manipulación y control, afectando así
la calidad de nuestra relación con ellos.
De: Lise Bourbeau

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