El ser humano tiene una
habilidad especial para “flagelarse” cuando hace algo mal o
cuando las cosas no salen como se las había propuesto. Sin embargo,
no tiene la misma capacidad para
felicitarse cuando hace algo bien, cuando consigue sus metas o
cuando ha de hablar de sus fortalezas. Curiosamente cuando alguien se
halaga a sí mismo, suelo escuchar previamente una justificación.
Esto es; para decir que se es válido en alguna cuestión, en vez de
decir “soy bueno en
esto”, suele
decirse; “no es por
ser pretencioso pero esto lo hago bien” Me
pregunto el por qué esa necesidad en muchas personas de justificarse
ante aquello que hacen de manera excelente. Por otra parte, también
es común oír; “no
quiero ser egoísta pero...” y
una vez más viene la defensa, como si tener amor
propio
fuera un delito psicológico. ¿Es malo reconocer las virtudes de uno
mismo? ¿No es relevante pensar en el bienestar propio sin tener que
sentirse mal? No
solo es sano quererse a uno mismo y felicitarse cuando se hace algo
bien, sino que además es sumamente necesario para nuestra vida.
Una
línea difusa para el ojo ajeno
En
primer lugar, creo que es relevante la distinción de conceptos. El
aprendizaje social a menudo nos lleva al temor de ser tachados de
narcisistas o vanidosos
cuando hablamos bien de nosotros mismos o cuando hacemos algo que nos
beneficia solo a nosotros. Sin embargo hay que saber que una cosa es
ser endiosado o egocéntrico y otra es reconocer la valía
personal, desde el respeto, el cariño y sin caer en la trampa del
autosabotaje, ni del qué dirán. No
hablamos de otra cosa que de la
autoestima y el autorespeto, que a veces se confunden con la
pedantería y el egoísmo. Autoestima,
significa quererse a uno mismo, tal y como la palabra indica.
Autorespeto, se define por el respeto a uno mismo y egoísmo, según
declara la Real Academia Española indica “inmoderado
y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente el
propio interés, sin cuidase de los demás” Dicho
esto, la distinción está clara.
Una
línea difusa para el propio ojo
Solemos
caminar por la vida con un garrote pegado a nuestras espaldas. Nos
movemos por la existencia entre nuestras propias creencias y la de
los demás. Ante una decisión, conducta o acción, sopesamos nuestro
criterio pero también el de los otros; “¿Está
bien esto que hago o decido?” y
a partir de ahí solemos entrar en un bucle de pensamientos, de entre
los cuales dejamos de ser los protagonistas. Aparece la duda y la
indecisión entre lo que quiero, necesito o me gustaría y lo que
será aprobado por los que nos rodean. En consulta, suelo abordar
mucho esta cuestión. Ejemplos del tipo; “me
siento mal, quizás soy egoísta con esto”...o
“no sé si hago
bien porque sé que con esta
decisión solo
estoy pensando en mí”...o
“siempre me
preocupo por los demás ¿pero y yo?” son
muy comunes. Y a partir de ahí no solo se genera ansiedad y tristeza
sino que se desencadena la gran pregunta.
¿Hasta
qué punto soy egoísta?
Ciertamente
“nunca llueve a
gusto de todos” y
por lo que respecta a nuestras conductas esto no es menos. La
aprobación y desaprobación de los otros está patente en cada paso
que damos pero yendo más allá y por lo que refiere a una buena
salud mental, lo que está claro es que uno debe vivir por sí mismo
y no por lo que esperan los demás. Esto no quiere decir, que no
tengamos en cuenta a nuestros semejantes pero sí que indica pensar
en el modo en que podemos defender nuestros derechos,
protegiendo
nuestro espacio y nuestra valía cuando es necesario. Es importante
atender nuestras demandas sin sentirnos mal por ello y siempre con
respeto hacia los otros. Decirle a alguien que no puedes hacerle un
favor en un momento determinado o expresar nuestras necesidades con
asertividad, no es ser egoísta. Es practicar el autorespeto, como
seres particulares que también somos. Vivir a merced de los otros
nos genera malestar y vivir pensando que somos únicos también. La
clave está en encontrar el equilibrio entre nuestras necesidades y
las demandas de terceros.
Los
puntos importantes a tener en cuenta, son preguntarse; ¿Qué es ser
egoísta? Repasar el concepto en el que uno mismo lo define, nos
ayuda a situarnos. ¿ Qué es lo que te hace pensar que eres egoísta
en esta situación? Repasemos si el propio juicio viene dado por lo
que se espera de mí o por lo que yo decido dar, una vez sopesadas
mis creencias ¿Qué te lleva a sentirte de una manera o de otra al
realizar tal acción? Visualicemos los pros y los contras ¿Cómo
quieres vivir esta situación? Hacerlo con calma, con autoescucha y
con fidelidad a los propios valores, teniendo en cuenta el
autorespeto y el respeto ajeno, nos ayudarán.
La
palabra egoísmo, es un termino que se ha mal usado. No es lo mismo
tener un exceso de egocentrismo y una habilidad pasivo agresiva para
con los otros, que ejercer el derecho a preservar nuestro espacio
cuando requerimos del mismo. Nos culpamos mucho por los debería
que
gestamos en nuestra mente. Lo importante es escucharse con
detenimiento, sin flagelarse y utilizar la asertividad con nuestras
acciones. Tu no eres más importante que yo ni yo más importante que
tu. Los dos somos importantes y como tal, pongo límites cuando es
necesario sin pensar que merezco menos. Y eso no es ser egoísta, es
tener amor propio.
Por: Núria Costa

No hay comentarios:
Publicar un comentario