miércoles, 17 de junio de 2015

La ropa sucia

Una mujer se levantó de malas aquella mañana, se había quemado preparando el desayuno y mientras tomaba café,  vio a través de la ventana que la vecina de enfrente colgaba algunas sábanas en el patio.
-¡Qué sábanas tan sucias está colgando para secar!

-Se me hace que la vecina necesita un jabón nuevo... ¡Si yo tuviera confianza con ella le preguntaría si quiere que yo le enseñe a lavar la ropa!-
Su esposo, dando un sorbo al café la miró y prefirió no decir nada para evitar una discusión.
Algunos días después, nuevamente, durante el desayuno, la vecina colgaba de nuevo ropa mojada y la mujer comentó:
-¡Nuestra vecina continúa colgando la ropa sucia! ¡Cómo me gustaría ir y decírselo, no se dará cuenta de que no sabe lavar?!-
Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina tendía la ropa.
Había pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas siendo tendidas, y entusiasmada fue a decir al marido.
-¡Mira mi amor, la vecina ya aprendió a lavar! ¿Será que alguien le enseñó...? Porque yo no hice nada.-
El marido muy tranquilamente respondió:
-¡No, querida, lo que pasó es que hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana! -
Y así es. En la vida todo depende de la ventana a través de la cual observamos los hechos. Antes de criticar, verifiquemos si hicimos alguna cosa para contribuir.
Aprendamos a ver nuestros propios defectos y limitaciones.
Autor desconocido.

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