La búsqueda de la felicidad
es el objetivo principal de nuestra vida. La sociedad en la que vivimos
nos ayuda a lograr una cierta cultura, conseguir trabajo, manejar las
nuevas tecnologías…, pero no nos enseña cómo buscar la felicidad.
Entiendo que si yo deseo ser feliz lo primero que tendré que saber es
quién soy, saber quién es este que quiere se feliz.
Si queremos ser felices, el trabajo básico ha de ser con los pensamientos, pues ellos son los mensajeros que nos anuncian lo que hay en nuestro interior.
Hay una estrecha relación entre pensamientos y sentimientos; entre lo que pensamos y como nos sentimos. Si los pensamientos que tenemos habitualmente son de paz, de confianza en nosotros mismos, de que somos apreciados… esas serán las emociones que sentiremos. Pero si son los pensamientos contrarios, yo no puedo, no valgo, los demás me ignoran, aquél es una mala persona…, entonces esos serán los sentimientos que brotaran en nosotros.
De lo anterior se deduce que hay dos clases de pensamientos: los positivos, que activan emociones y sentimientos positivos, y como consecuencia estaremos alegres, con ánimo, confiados… Y una segunda clase de pensamientos, los negativos, que dan lugar a emociones y sentimientos negativos, que nos llevarán a sentirnos tristes, nerviosos, menospreciados…
Esta conexión entre pensamientos y sentimientos es muy fuerte y reciproca: nuestros pensamientos son los responsables de nuestras emociones y sentimientos y, del mismo modo, nuestras emociones y sentimientos crean los pensamientos que surgen en la mente.
Con estas sencillas ideas ya tenemos suficiente información para, con un poco de práctica y muchas ganas, poder transformar nuestros pensamientos y estados emocionales.
Fuente: Portal de C
onciencia
¿Verdaderamente me conozco a mi mismo…?
¿Cómo es que yo, que quiero ser feliz, me pongo nervioso ante otras personas, o siento miedo de algunas de las circunstancias que la vida me presenta…?¿Podré ser feliz con esos desconocidos viviendo en mi interior…?
¿Por qué a menudo me siento herido por lo que dicen o hacen los demás…?
¿Por qué en ocasiones me visitan la envidia, la tristeza, el pesimismo o la ira, y acampan en mi pecho sin que yo les haya invitado…?
¿Cómo es que, sigilosos como ladrones en la noche, aparecen pensamientos que se apoderan de mi mente y me dicen que no soy capaz, o que no valgo, sin que logre vencerlos y arrojarlos fuera de mí…?
Si queremos ser felices, el trabajo básico ha de ser con los pensamientos, pues ellos son los mensajeros que nos anuncian lo que hay en nuestro interior.
Hay una estrecha relación entre pensamientos y sentimientos; entre lo que pensamos y como nos sentimos. Si los pensamientos que tenemos habitualmente son de paz, de confianza en nosotros mismos, de que somos apreciados… esas serán las emociones que sentiremos. Pero si son los pensamientos contrarios, yo no puedo, no valgo, los demás me ignoran, aquél es una mala persona…, entonces esos serán los sentimientos que brotaran en nosotros.
De lo anterior se deduce que hay dos clases de pensamientos: los positivos, que activan emociones y sentimientos positivos, y como consecuencia estaremos alegres, con ánimo, confiados… Y una segunda clase de pensamientos, los negativos, que dan lugar a emociones y sentimientos negativos, que nos llevarán a sentirnos tristes, nerviosos, menospreciados…
Esta conexión entre pensamientos y sentimientos es muy fuerte y reciproca: nuestros pensamientos son los responsables de nuestras emociones y sentimientos y, del mismo modo, nuestras emociones y sentimientos crean los pensamientos que surgen en la mente.
Con estas sencillas ideas ya tenemos suficiente información para, con un poco de práctica y muchas ganas, poder transformar nuestros pensamientos y estados emocionales.
Fuente: Portal de C
onciencia

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