Es el color del amor y del odio, el
rojo es el color de todas las pasiones, las buenas y las malas. La
sangre se altera y sube a la cabeza y el rostro se ruboriza, por timidez
o enamoramiento, o ambas cosas a la vez. También se enrojece al
sentirse avergonzado, porque se esté enojado o se haya excitado.
Es
también el color de la fuerza, el vigor, el valor. Es el color de la
violencia y la explosividad, y por lo tanto se encuentra relacionado con
instintos primarios, impulsos vitales agresivos. El rojo es además el
color de la ira, la agresividad y la guerra. Es el color del peligro y
uno de los colores de lo prohibido. Los frenos de emergencia, los
extintores y los botones de alarma son rojos. En el fútbol un jugador
tiene prohibido seguir jugando cuando el árbitro le enseña la tarjeta
roja. Desde la señal que prohíbe estacionar hasta el cartel que prohíbe
fumar, todas tienen rojo. El rojo es también el color de las
correcciones, los controles y la justicia. Los escolares saben que el
rojo es el color de las correcciones. También es el color de los precios
rebajados. Tener “números rojos” en una cuenta es cuando el saldo es
negativo. El rojo en general es el color de los extrovertidos, no puede
quedar en segundo plano. En este sentido el polo opuesto al rojo es el
azul, ya que este último es lo inmaterial, lo lejano, lo frío y lo bajo.
Rojo y azul son psicológicamente contrarios.
Históricamente, el rojo fue el color de la nobleza y de los ricos, por su carácter de color luminoso.
En el Renacimiento, el rojo era el color más apreciado por mujeres y
hombres, jóvenes y viejos. Pero hoy algo queda del rojo de los nobles:
aún se desenrolla a la entrada de la ópera, de un teatro o un hotel la
alfombra roja para “los reyes”.
Del blog de Jesus Gonzalez Fonseca.

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