Hace algunos años una mujer y su familia decidieron emigrar, las cosas no estaban muy bien, el esposo había perdido su trabajo y como tenían parientes en un país de Europa, decidieron probar suerte por otros mundos.Después de planificarse y organizar todo, dejaron su hermosa y soleada nación y se trasladaron a un nuevo país, que aunque era muy bello también, ella obviamente no lo sentía suyo.
Ya en su nueva casa todo volvió a la normalidad y ella retomó sus responsabilidades de siempre, entra las cuales estaban: acompañar a sus hijos al colegio, hacer las compras, etc
El primer día que llevó a sus hijos a la escuela, notó, que solo ella usaba zapatos blancos, todas las personas usaban zapatos de colores oscuros (grises, marrones, negros) cosa muy normal, para los periodos fríos, y que ella al venir de un país tropical, no sabia. Esta situación de ser la única del pueblo con zapatos blancos, al ser ella una persona muy insegura, la incomodaba mucho, aparte que al haber dejado a toda su familia y amigos, se sentía muy sola y era muy importante para ella encajar y sentirse aceptada por la gente de este su nuevo pueblo.
Pero como los gastos para la mudanza habían sido muchos, y su esposo estaba apenas comenzando un nuevo trabajo, decidió que no era un buen momento, para este nuevo gasto (comprar un par de zapatos nuevos) y siguió con los suyos, aunque cada vez que salía y veía que alguien observaba sus zapatos ( lo cual ocurría frecuentemente) , se sentía incomoda y avergonzada.
Así, paso el otoño, las estaciones se sucedieron y dejó a un lado el tema.
Al año siguiente cuando llegó el mes de septiembre de nuevo, ella por fin compró su nuevo y flamante par de zapatos del "color adecuado" y muy contenta se fue a llevar a los niños a la escuela el primer día de clases del nuevo año escolar.
Al llegar a la escuela se encontró con una enorme sorpresa, no podía creer lo que veía: la mayoría de las madres que acompañaban a sus hijos, ¡usaban zapatos blancos!
Moraleja: no tengas miedo de ser diferente, nunca sabes a cuanta gente puedes inspirar con tu actitud.
Por...Eva de Fioravanti
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