miércoles, 20 de mayo de 2015

Seis ladrones de la felicidad.

En estos días en un articulo publicado el 11-05-2015  (Muchas Gracias)  hablé de la gente maravillosa que he encontrado en la red , hace poco descubrí a Glenda Travieso,  aquí les publíco uno de sus tantos bellos artículos; me encantó porque  habla de cosas que sé ciertas por haberlas vivido.
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A veces por costumbre o por miedo a salir de nuestra zona de confort, permanecemos estancados en una serie de hábitos que en lugar de permitirnos atraer la felicidad que tanto anhelamos, producen el efecto contrario… Alejarla de nosotros cada día más.

Algunos de estos hábitos son extremadamente nocivos y con certeza sé que siempre se interpondrán entre tú y tu felicidad. Durante mucho tiempo los experimenté y día a día trato de hacerme consciente de ellos para no dejar que se apoderen de mí, cual depredador de su presa. Te restan libertad, te limitan y no permiten que uses todo tu potencial. Cuando recorremos el camino de nuestra vida con estos hábitos a cuestas, también lo hacemos con nuestros miedos, especialmente el miedo a vivir, negándonos toda posibilidad de ser felices.
A continuación te los presento:

1.- Buscar la perfección.

No hay absolutamente nada de malo en querer mejorarse a sí mismo, el problema es cuando nos sometemos a una intensa presión y nos castigamos con el látigo de nuestro juez interior, cada vez que no alcanzamos el nivel deseado. Cuando la perfección es el objetivo en todo lo que hacemos, sufrimos mucho ─bien lo sé yo─ porque sentimos que la mayoría de las veces las personas y/o las circunstancias no encajan dentro de este patrón. La búsqueda de la perfección tiene mucho que ver también con la conducta de la postergación porque significa que necesitamos hacer las cosas perfectas o si no mejor no las hacemos. Esto hace que en ocasiones dejemos a un lado ese proyecto, o evitemos encarar un cambio en nuestras vidas, aunque en el fondo de nuestro corazón sabemos que sería un modo de acercarnos a la felicidad que tanto anhelamos; todo por el miedo que inconscientemente sentimos de no hacerlo a la perfección.

2.- Esperar demasiado de los demás.

Parte de nuestra infelicidad en ocasiones obedece al hecho de que estamos muy ocupados viviendo mentalmente la vida de los demás, tratando de que todos los que nos rodean, especialmente nuestros seres queridos, actúen según nuestras expectativas, y sean lo que nosotros creemos “deberían ser”. Esto hace que nos olvidemos de nuestros propios asuntos y después terminemos sintiéndonos mal y preguntándonos: “¿Por qué razón mi vida no funciona?”.
De vez en cuando es útil detenerse, soltar el automático, observarnos y preguntarnos: “Si tú estás viviendo TU vida y yo estoy viviendo mentalmente TU vida… ¿Quién está aquí viviendo la mía?”, parafraseando a Katie Byron, autora del libro “Amar lo que es”. Quizás descubras que parte de tu infelicidad viene dada porque esperas demasiado de los demás.

3.- Quejarse constantemente

Autocompadecernos, creer que siempre estamos dando de más y recibiendo de menos, prestar atención a todo lo que está mal, ver solo lo que no funciona, nos molesta o desagrada de otra persona o situación, son pistas irrefutables de que hemos desarrollado una actitud de queja.
Cuando actuamos guiados por esta actitud nuestra energía se enfoca solo en los problemas. Partimos de ideas preconcebidas y buscamos confirmar en la realidad todo aquello que asumimos en nuestro pensamiento. Esto actúa como un pedido directo al universo el cual se encargará de entregarnos aquello en lo que estamos enfocados, por lo tanto recibiremos más de lo que no queremos. Quejarnos nos hace ver el mundo de manera pesimista y por lo tanto nos mantiene en un círculo vicioso, recibiendo más de lo mismo. Las quejas son el antídoto perfecto contra la felicidad.

4.- Suponer

Constantemente hacemos suposiciones acerca de la gente y las circunstancias que nos rodean, tejiendo una telaraña con nuestros pensamientos que satisfaga la necesidad que tiene nuestra mente de justificar, explicar y comprender todo.
Una de las más graves suposiciones es la de que todos aquellos que conviven con nosotros: padres, pareja, hijos, amigos, etc., deben saber exactamente lo que queremos y cómo nos sentimos. Otra suposición común es que todas las personas piensan igual que nosotros, que todos manejamos el mismo mapa de creencias.
Suponer nos trae frustración e infelicidad pues casi siempre cuando lo hacemos nos convertimos en víctimas de la historia que hemos recreado en nuestra mente.

5.- Buscar la aceptación de los demás

Cuando buscamos constantemente la aceptación de quienes nos rodean, continuamente emprendemos acciones para cubrir las expectativas de los demás, inclusive a costa de nuestro propio bienestar, lo que a la larga nos convierte en esclavos de nuestros pensamientos y emociones.
Si nos preocupamos excesivamente por lo que piensen los demás acerca de nosotros y dejamos que esto nos controle, estamos cediéndoles a otros el poder para hacernos felices. Desde esta óptica toda cuanto hagamos, si no tiene la aprobación de otros, nos generará angustia y ansiedad. Perderemos mucho tiempo y energía tratando de averiguar lo que otros quieren que seamos y luego tratar de llegar a ser como ellos quieren, lo que nos impedirá conectarnos con lo que verdaderamente nos hace feliz a nosotros.
Preocuparse por lo que otros piensan resulta sumamente frustrante, porque somos más propensos a ceder a la crítica y por tanto evitaremos exponernos o emprender cosas nuevas por el temor a ser rechazados.

6.- No saber convivir con la incertidumbre

Nuestro cerebro se lleva muy mal con la incertidumbre, de hecho constantemente andamos buscando y aferrándonos a todo aquello que nos brinde la sensación de seguridad. Vivimos obsesionados con tener el control de todos y cada uno de los acontecimientos futuros, incluso de los eventos más insignificantes, lo cual sabemos que es imposible. Al no tener esa sensación de seguridad, comenzamos a percibir el futuro como amenaza, lo cual nos genera un gran estrés y hace que vivamos constantemente ansiosos, preocupados por el futuro. Con esta actitud nos estamos resistiendo a vivir el momento presente que es el único instante que existe para construir y sentir la felicidad.
 Por: Glenda Travieso (@gatravieso)

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